Un error común en el que suele incurrir el diseño de políticas públicas en el sector de telecomunicaciones, consiste en pretender que la satisfacción de necesidades de la población se puede alcanzar de manera exclusiva y “automática” con la construcción de nueva infraestructura. Sin duda, resulta indispensable atender el déficit de antenas, conexiones de fibra óptica, redes de transporte, entre otros factores de oferta; sin embargo, la evidencia muestra que en determinadas zonas del país, particularmente, en las áreas rurales, ello si bien es una condición necesaria, no resulta suficiente.
Según la encuesta Erestel (OSIPTEL, 2021), el 50% de los jefes de hogar en zonas rurales declaran no utilizar internet. Al consultársele sobre las razones de ello, un 39.9% respondió no saber utilizar internet, un 23.3% indicó no requerir del servicio, un 6% declaró no verle utilidad y un 5.9% no estar interesado. Por cierto, una proporción no menor (13%) hace referencia a la no disponibilidad del servicio en la zona o que este es muy caro (4.6%); sin embargo, el resto de respuestas revela que las brechas en las zonas rurales van más allá de la cobertura de servicios o las condiciones económicas vinculadas a dicho acceso.
Motivo por el cual el individuo no usa internet
(% del total de la demanda potencial – hogares rurales)

Sin políticas de demanda que “acompañen” el despliegue de infraestructura, difícilmente se logrará cerrar la brecha digital en las zonas rurales y más pobres del país.


